Soy paramédico, y tres veces por semana llevo a la misma gente al mismo lugar: la sala de diálisis.

Cuatro horas conectados a una máquina que les limpia la sangre porque sus riñones ya no pueden. Y cuando les pregunto qué tomaban, la respuesta casi siempre es la misma.
El refresco no le pega al riñón directo. Le pega por el camino: el azúcar de todos los días te lleva a la diabetes, la diabetes y la presión alta destruyen el riñón, y en México la diabetes es la causa número uno de diálisis. Ese es el camino, y empieza con un vaso.
Lo cruel es que no duele. El riñón no avisa. Te despiertas cansado, con náuseas, los pies hinchados, orinas con espuma. Y para cuando vas al médico, ya perdió más de la mitad de su función. Eso no regresa.
Y luego viene esto: un tubo saca tu sangre, una máquina la filtra, otro tubo te la regresa. Cuatro horas, tres veces por semana, el resto de tu vida, o hasta que llegue un trasplante que en México puede tardar años.
Y cada vez los veo más jóvenes. De 30, de 40. Gente que trabaja, que tiene hijos, y que no sabía que su refresco diario los estaba llevando ahí.
Recomendaciones:
- Deja el refresco desde hoy. No lo bajes a uno al día: ese uno ya te sube el riesgo.
- Toma agua. Litro y medio, dos litros al día.
- Si tienes diabetes o presión alta, o alguien en tu familia la tiene, hazte un análisis de sangre y orina una vez al año. Es barato, y es lo único que detecta el riñón a tiempo.
- Cuida la sal, camina 30 minutos al día, duerme bien. Al riñón le ayuda todo lo que le ayuda al corazón.
Si todavía no estás en diálisis, todavía tienes tiempo. No mucho, pero tienes. Comparte esta información con alguien que se toma un refresco con cada comida y dice que no le pasa nada.
Primeros Auxilios